sábado, 21 de junio de 2014

REGRESA


La verdad es que lo extraño. Hace poco lo vi y lo único que pude hacer fue correr lejos de él. 

Cuando me besó, todo desapareció y sólo éramos él y yo. 
Sus labios sobre los míos. Florece algo muy chiquito en el centro de mi estómago y conforme sus labios juegan con los míos, esa sensación se expande llegando a mi corazón y pulmones. 
Todo mi cuerpo se enerva a su contacto, siento que crezco desde adentro. Me pego más a su anatomía y él estira su mano delicadamente cogiendo mi pierna y acercándose más a mí. Su otra mano está acunando mi rostro y con el pulgar acaricia mi mandíbula. 

Una de mis manos está en su nuca, mis dedos juegan en su cabello. Mi otra mano se pierde en la infinidad de su pecho delgado. Puedo sentir su corazón, las respiraciones entrecortadas.
Yo sigo creciendo, mi cuello está tan largo que él se atreve a besarlo y a respirar en él. Río. Sonríe y llega a mis pechos. Le levanto la cara porque no es el lugar, Hay 10 pares de ojos sobre nosotros pero el alcohol y las ganas hacen que sean invisibles. 

Crezco, más y más. Regresa a mis labios. Su lengua roza mi labio inferior pidiendo permiso. Se lo doy. Sonrío, él también. Me mira a los ojos, mira mis labios y sigue besándome. Jala mi labio inferior con los dientes y se ríe. Tiene una de las sonrisas más lindas que he visto en mi vida.

Yo lo quiero para mí. Quiero besarlo y tocarlo otra vez. Quiero cuidarlo, enseñarle y contarle cosas. Despertarme con él una mañana, hacerle el desayuno y ver juntos tv en la cama. 
También quiero que sea otro. Porque él no es. Esto no es amor.

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